Momo o la posesión del tiempo

Una obra maestra de la literatura fantástica, un cuento para niños sobre la amistad y las relaciones humanas. Un cuento para adultos sobre el tiempo.

¿A quién pertenece el tiempo?

Opinión libro Momo de Michael Ende
Detalle de la portada del libro Momo de Michael Ende. Colección Biblioteca Juvenil de Salvat Alfaguara

Momo es un cuento de niños para adultos. Un libro que he leído y releído en diferentes momentos de mi vida, y en el que he encontrado un mensaje diferente cada vez. Siempre me cuenta algo nuevo.

Momo habla en tono infantil sobre las relaciones humanas y sus fundamentos. Hace fácil abrazar la idea del tiempo, de su pertenencia, de su importancia y de la alienación del tiempo que padecemos y obligamos a otros a padecer.

Y de sus consecuencias. Esa falta de tiempo constante para lo que “no es importante” o, al menos, urgente. De la alienación social que provoca nuestra alienación temporal. Una desconexión que precede a un apagón.

Michael Ende pone lo mejor en este cuento que habla del tiempo y que desafía al propio tiempo. Porque su mensaje trasciende a la época en la que lo leas y a las generaciones que se enfrente a él. Ya han pasado unas pocas y Momo sigue teniendo la misma actualidad.

Porque Momo es un cuento de niños para adultos, o un libro de adultos contado para niños. Un cuento sobre el tiempo y su posesión. ¿A quién pertenece el tiempo? y sobre todo ¿en qué empleamos nuestro tiempo? son las principales reflexiones que aparecen en el libro. Unas ideas que obligan al adulto que llega hasta Momo a preguntarse qué hace con su tiempo, y que al mismo tiempo quiere concienciar al niño, hacerlo consciente, de la importancia del tiempo. No para aprovecharlo y ser más productivo; sino para disfrutarlo y ser más feliz.

Momo y su mundo

Recuerdo haber leído el libro y recuerdo la película. Recuerdos fugaces, flashes de Momo y de su tortuga. Recuerdos de hombres grises, inexpresivos, que fumaban continuamente; quizás precursores de los “Observadores” que años después aparecerían en Fringe.

Momo es una obra maestra de la literatura fantástica escrita para niños, pensando en los adultos, o viceversa. En Momo hay buenos, malos, persecuciones, tensión, peligro, valor, amistad, confianza y esperanza. Sobre todo Momo tiene esperanza.

Momo habla de un mundo, futuro o pasado, en el que están robando el tiempo a los adultos. Unos adultos que dejan de “tener tiempo”, que de repente están “demasiado ocupados”. Unos adultos que, sin darse cuenta, están perdiendo el tiempo, al tiempo que se pierden a sí mismos. En este mundo, Momo, una niña anciana o una anciana niña, despeinada y de ojos grandes, llega para devolver el tiempo a los adultos.

Y lo hace acompañada de una Tortuga. Ende se sirve del animal más lento para controlar el tiempo de la propia historia. Cuanto más lento camina la tortuga, tanto más rápido transcurre el tiempo. Un elemento sutil, elegante, genial en sí mismo. Un reflejo de la genialidad del escritor.

Esta paradoja del tiempo, en la que andar más lento te ayuda a avanzar más rápido, en la que lo pasado ya ha pasado, o puede que aún esté por pasar, es una constante durante todo el cuento. Aparece en diversos elementos y queda incluso al final de la historia, durante el epílogo, donde Ende escribe:

“Le he contado todo esto, como si ya hubiera ocurrido. También hubiera podido contarla como si fuera a ocurrir en el futuro. Para mí, no hay demasiada diferencia”.

Momo, el Tiempo y Yo

“Todo me es ajeno, sólo el tiempo me pertenece”, decía Séneca. Recuerdo haber leído de pre-adolescente esta frase del filósofo cordobés.

Recuerdo haber pensado durante días en ella, hasta entender lo que realmente quería decir, hasta entender la “fascinante realidad” que escondía. Hasta entender que es cierto, que al final sólo nos queda el tiempo. Tiempo para hacer lo que nos apasiona. Tiempo para pasarlo con quien queramos.

El Tiempo es lo único que tenemos totalmente gratis, porque lo tenemos aunque no queramos. Y lo tenemos para hacer lo que elijamos. Porque al final, somos el tiempo que vivimos.

¿Y si nos robaran el tiempo?

Entonces siempre tendríamos a Momo.

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4 thoughts on “Momo o la posesión del tiempo

  1. Para empezar, Nani, darte una doble felicitación. Doble, por atreverte a comenzar esta nueva aventura (seguro que Momo te ha dado un empujoncito) que no tengo dudas que te llenará a ti y a los que te leamos de alegrías y satisfacciones. Doble también porque es una delicia leerte (que plato más apetecible, que suave y tierno aperitivo).
    En segundo y último lugar, por ahora, me obligas a leer un libro desterrado en mis anales.
    Un besote y sigue sigue sigue….

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  2. Pues lo cierto es que, de pequeña, me gustó mucho Momo. Siempre he leído mucho, pero si cabe de pequeña más, los libros de mi hermano me caían de herencia… Momo lo leí un verano, y recuerdo que me gustó… pero a día de hoy no me había planteado volver a leerlo. Quizá no sería ninguna tontería hacerlo de nuevo, porque desde luego lo que sé ahora sobre el tiempo, no lo sabía entonces. Bonita reflexión, good girl… sigue así 🙂

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