El amor en los tiempos del cólera

Lo importante es amar, da igual cuándo, dónde o a quién. Este puede quizás ser un resumen escueto, muy escueto, de lo que Gabriel García Márquez escribe página a página en esta novela.

A García Márquez me unen sus libros, en plural, porque no podría elegir uno. Cada historia tiene una esencia propia que me ha perfumado desde mi adolescencia, y en la que todavía hoy reconozco nuevos matices.

A García Márquez me une una pasión real y profunda por su estilo, por su realismo mágico. Una forma de describir la realidad que me ha ayudado a descubrir la vida que se esconde tras la primera capa de realidad; esa vida más llena de vida, de aromas, de sabores, de sentimientos. El amor en los tiempos del cólera no es una excepción.

El amor en los tiempos del cólera es una oda al amor. Un repaso a todas las formas de amar, porque lo importante es amar, da igual cuándo, dónde, o a quién. El cómo aquí sí es importante. En el amor, el cómo, es la fina línea que lo separa del odio o de otras bajas pasiones, que más que constructoras, arrasan con todo. Porque el amor es edificante, y a su alrededor florece todo, como los rosales que Florentino Ariza cultiva para su amada.

Película El amor en los tiempos del cólera
Imagen de la película de 2007

La historia de amor de Fermina Daza y Florentino Ariza es el hilo conductor de mil amores entrelazados, que enlazan vidas; porque es el amor el que une a los personajes de esta historia.  Como en la vida misma.

 

 

Del amor utópico de la adolescencia, al visionario de la vejez; del amor pasional que da el deseo, al amar tranquilo que da la confianza y el conocimiento del otro; del amor iniciador que nos abre los ojos, y el corazón, a una vida de ensueño, al amor resignado que nos doblega a una vida no soñada.

Todos tienen su hueco en la historia de Florentino Ariza y Fermina Daza; incluso el amor mil veces soñado, una amor irreal y deformado por el deseo de los amantes, que llega con la desilusión del despertar. Un amor que se transforma en verdad, y contagia en el cambio a los propios amantes.

Esa es otra de las grandes lecciones de amor de García Márquez. El poder transformador del amor y su poder conservador. Dos tendencias que contrapone en la figura de Florentino Ariza. Una figura extraña cuya evolución está ligada al amor de sus amantes, al tiempo que permanece fiel a su esencia, a un amor imperturbable que hace más evidente y profunda la división entre sueño y realidad en la que se mueve.

Y frente a Florentino, Fermina. Un bastión del amor resignado, o más bien, del amor no meditado. Fermina se queda en un amor que lo es porque debe serlo, porque así lo marca la sociedad y lo dicta la norma. Y Fermina revela el poder limitador de la sociedad frente al amor.

Si Stoner transmite pasión por la vida, en El amor en los tiempos del cólera García Márquez enseña a amar la vida, a vivirla amando, porque el amor es lo que le da sentido, y su significado se pierde cuando se desvanece el amor.

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