Las amistades (im)posibles

Me uno a la moda de los prefijos entre paréntesis. Porque así, entre paréntesis, es como parece que vivimos la situación política en los últimos días. Y todos nos subimos al carro de dar un doble sentido a lo que decimos poniéndolo entre paréntesis, o quizás los usamos para certificar que estamos viviendo entre paréntesis, tomando un poco de aire, cogiendo un poco de contexto, para afrontar la realidad que nos viene.

El contexto, ese que muchas veces va entre paréntesis, es fundamental para entender el lugar que ocupamos en el mundo y en el momento. Tiempo y espacio son dos ejes para situarnos, los dos ejes de nuestro punto de partida.

“Yo soy yo y mis circunstancias” decía Ortega y Gasset, una frase que se usa más para justificar nuestra mala situación (o más bien mal comportamiento) que para atender a la llamada que el filósofo hacía a atender al contexto como forma de entender el ‘YO’.

En el caso que nos ocupa, a saber: situación política y la (in)capacidad de nuestros mandatarios y pretendientes para (con)formar un gobierno, (co)laborar y/o (co)operar; el contexto es, si cabe, fundamental para entender un poco mejor la coyuntura que se les presenta a los gobernantes, y el reto, que es suyo, legado por los ciudadanos tal y como mandan las leyes de la democracia (ya saben: la soberanía reside en el pueblo que la (de)lega en sus gobernantes por el sagrado acto de la votación).

Hagamos pues un ejercicio ‘contextualizador’ de nuestros 3 verbos. La (co)laboración es un elemento fundamental en la sociedad actual, que además se potencia gracias a los avances tecnológicos. Internet ha sido el catalizador, pero ha sido la sociedad la que ha recogido el reto, lo ha hecho suyo, y lo está aprovechando, desarrollando, y ampliando. La colaboración es la nueva forma en la que la sociedad está mirando el futuro. Sólo si colaboras tendrás un lugar en el mundo, sólo si compartes estarás en el mapa y en la medida en la que lo hagas serás merecedor de respuesta. Tu conocimiento es mucho mayor si lo sumas al de miles de millones de personas que te encuentras en Internet. Crowdfunding o Crowdsourcing son términos anglosajones que suenan y resuenan en los cerebros españolas como si formaran parte del ADN de nuestra lengua madre. La filosofía de la colaboración se instaura además en las clases, donde los profesores se afanan por promover una colaboración entre equipos en lugar de la vieja dinámica de competición.

Esto me lleva a la (co)operación. En el mundo empresarial se ha pasado del trabajo en equipo, a la cooperación entre equipos multidisciplinares, que agregan conocimientos y capacidades para hacer frente a una realidad cada vez más cambiante y más compleja. Esta situación ha llevado a incluso a la ‘coopetición’. ‘Coopetir’ es un término de nuevo cuño (un palabro) que define la colaboración entre empresas competidoras. Se trata de unir fuerzas y equipos para afrontar mejor los retos del mercado. Se opera de forma conjunta en proyectos concretos, la tiempo que mantienen la independencia una de la otra en la gestión y en el pensamiento. Esta es la respuesta de la empresa a la nueva cultura que se extiende en la sociedad, colaborar entre aquellos que hace sólo unos años considerabas tu oponente en una lucha continua por cuotas de mercado.

Así las cosas, llegamos al último verbo, al último estadio del contexto. La clase política tiene ante sí el reto de conformar un gobierno. Este va sin paréntesis a conciencia, porque la de (con)formar no es una opción, ahora es ya una obligación dada por el contexto. Si la sociedad colabora y las empresas cooperan, los gobiernos deben conformarse para ser realmente ese reflejo de la sociedad que gobiernan.

Cierto es que en España no hay tradición política de colaboración. A los hechos me remito, los pactos habidos lo han sido de gobierno (en minoría con grupos nacionalistas y siempre a cambio de algo), y también está ese increíble amor al gobierno por decretazo de nuestros mandatarios.

Cierto es que en España se ha gobernado en solitario, se ha hecho lo que el ‘YO’ ha querido, sin escuchar el contexto y mucho menos a Ortega y Gasset, mientras que sociedad y empresa han aprendido a sumar a ese ‘Yo’ las ‘circunstancias’ que lo definen, para mirar al futuro con una visión más amplia y lejana.

Cierto es que en España vivimos ahora entre paréntesis a la espera de que nuestros políticos ‘viejóvenes’ salgan de su limbo identitario, abandonen las luchas dentro y fuera de sus fronteras, y se decidan por colaborar, cooperar y conformar. Cierto es que para eso hará falta que las amistades entre los nuevos y los viejos, entre la izquierda y la derecha, entre los buenos y los malos, pasen de ser (im)posibles a, al menos, probables.

 

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